Tejido de hermanas: crónica de la “Chomba” 10 en Casa Runrún

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Nuevamente abrimos Casa Runrún para poner en diálogo el trabajo literario de actores relevantes de la ciudad de Copiapó. 

Recuerdo que fue una semana de locos y no tuvimos el tiempo suficiente para armar esta nueva chomba con todas las energías del planeta. Sin embargo, nos esforzamos junto con Eliana Hertstein por acondicionar la casa para que la poesía hiciera eco en un ambiente ameno y caluroso como de costumbre.

Preparamos nuevamente empanadas, té y vino como una forma de no perder el sentido hogareño de la propuesta.

Quien primero llegó fue Tatiana Mayerovich, una de nuestras convidadas a dialogar. Escritora y artista visual, integrante de la Sociedad de Escritores de Copiapó y creadora del poemario “Pigmalión” (2019) y obras visuales como “Roger, Roger – Impresiones del pasado, presente” (2016). 

Mientras la conversación espontánea fluía comenzó a llegar el público, entre amistades, escritores y familiares, los que al igual que en ocasiones anteriores, tuvieron la oportunidad de hojear los libros de la biblioteca hogareña, dispuestos para la lectura en todo momento.

Pasaba el tiempo, pero Carolina Mayerovich, nuestra otra convidada a dialogar y hermana de la primera, no llegaba. Quien, además de escritora y también integrante de la Sociedad de Escritores de Copiapó, tiene una tienda de ropa en la ciudad, razón del leve y entendible retraso. 

A penas llegó Carolina a la casa, autora de “De cicatrices y otras huellas” (2011), comenzó el diálogo. Aunque son hermanas y se conocen desde pequeñas en la intimidad familiar, sus lecturas escogidas develaban que sus escrituras actuales caminan por sendas disímiles pero paralelas. Puesto que, a medida que avanzaba el diálogo, ambas se dieron cuenta que estaban levantando nuevos proyectos literarios con un mismo personaje inspirador sin saberlo.

Dicho descubrimiento más las participaciones espontáneas de los asistentes entre lectura y lectura, comenzaban a darle a la Chomba número 10 un color tipo taller, que si bien se escapaba de los objetivos que como actividad tenemos planteados, manifestaba un espíritu libre en todo su esplendor, el que con agrado cada uno de los que estábamos  presentes abrigamos con comodidad. 

Hacia el final, los palillos fueron entregados a los asistentes, como una manera de colectivizar aún más la construcción del diálogo, dándole al tejido de la noche una forma robusta, potente, como si de una chomba chilota se tratara, como la de la tierra de origen de ambas artistas.

Finalmente, al cerrar la actividad oficial, comenzó el convite en off que se prolongó por horas. Intercambio de opiniones literarias y anécdotas cotidianas alimentaban las conversaciones que pululaban por la casa y los pasillos. El vino se acababa y las empanadas también.

Poco a poco fueron partiendo los asistentes y la casa volvió a su silencio normal, salvo por los ruidos que noche a noche se escuchan desde la calle.

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Ver galería de fotos completa haciendo click AQUI.

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