SOMOS

Somos Fundación Runrún, organismo de derecho privado sin fines de lucro fundado en agosto de 2019 en Copiapó, Chile, por el músico, profesor y gestor cultural nacido en San Miguel, Santiago, radicado actualmente en la región de Atacama, Daniel Jesús Díaz, y administrado por un directorio compuesto por el propio Daniel más la poeta nacida y radicada en Atacama, Eliana Andrea Hertstein y el administrador de empresas nacido en San Bernardo, Santiago, radicado en la región del Maule, Luis Armando Díaz.

El territorio de acción es todo Chile, con bases de trabajo medulares en las regiones de Atacama, Metropolitana y del Maule.

BUSCAMOS

Buscamos como Fundación el desarrollo holístico de la comunidad, estimulando las habilidades blandas en las personas, a través del impulso y gestión de proyectos artísticos y culturales en tanto acciones pedagógicas, contribuyendo así, a través de las artes, al proceso de formación de individuos y colectivos más sabios, integrales, inclusivos, compresivos, con más autoestima, conscientes de su territorio, su identidad y de su autoaprendizaje, y capaces de establecer prácticas colaborativas de trabajo con miras a un futuro más próspero para todos y todas.

NACIMOS

El organismo inicia su proceso de construcción el 2018 como un espacio incipiente que buscaba darle unidad a diversas ideas y proyectos literarios y musicales con fines pedagógicos y comunitarios que Daniel venía desarrollando desde el 2010 de manera autónoma y dispersa. Para eso, el profesor y escritor crea una página web titulada http://www.proyectorunrun.com para ordenar dicho contenido. A partir de entonces, el también músico invita a la poeta Eliana Hertstein a ser parte del proceso, surgiendo a la vez nuevos proyectos y descartando otros. Como pequeño equipo comienzan a buscar financiamiento para ejecutar las ideas, las que cada vez fueron tornándose más robustas, lo que derivó inevitablemente en la necesidad de una constitución legal para dinamizar aún más la gestión de recursos para desarrollarlos. Para enriquecer aún más este proceso, Daniel invita a Luis Armando Díaz, administrador de empresas, a unirse al equipo definitivo. Así, entonces, nace oficialmente Fundación Runrún.

NOS LLAMAMOS

Nos llamamos Runrún (Run Run o Run-Run) porque es una onomatopeya con diversos significados. Por ejemplo, es un rumor en lengua castellana. Es un ave en Chile, que con seguridad influenció a Violeta Parra para llamar así a uno de sus amores en la canción “Run Run se fue pal norte”. Es también un juguete infantil de antaño hecho con un botón y un hilo que tiene la misma estructura que el “Disco de Newton”, el que permite reconocer los colores primarios de la luz.

La palabra, a pesar de sus múltiples usos, por su carácter onomatopéyico, mantiene siempre un vínculo con el sonido y el lenguaje, y por extensión con la música, la literatura y las otras artes, porque el ave chilena adquiere el nombre por su canto, y el juguete infantil lo hace por el ruido que genera el hilo al enrollarse y desenrollarse mientras gira el botón. Por eso, no es de extrañar que signifique rumor, porque rumor es algo que circula, que hace ruido y se transmite oralmente entre las personas, los hablantes de una misma comunidad. Por ende, está destinado a transformarse en el tiempo como el conocimiento, como las artes y las culturas.

Escogimos el nombre porque tal como un Runrún, batimos nuestras alas para saltar del nido y viajar por nuestros pensamientos, emociones y territorios, reconociendo diversas realidades. Desde ese movimiento migratorio, impulsamos y gestionamos, como un rumor o el juego infantil de antaño, proyectos artísticos y culturales para el desarrollo holístico de la comunidad.

PENSAMOS

Pensamos que el conjunto de las artes, como disciplinas que se vinculan entre sí, no solo tienen un valor en sí mismas, sino que también pueden convertirse en acciones pedagógicas, y por ende, ser puentes para el aprendizaje de habilidades blandas en la comunidad.

TRABAJAMOS

Trabajamos desde un enfoque cercano, horizontal y crítico, porque creemos que el conocimiento de las artes y las culturas no es exclusividad de nadie ni una roca sólida e impenetrable, sino un río que avanza, hace ruido como un runrún, se transforma, y se construye colectivamente. Por ende, tenemos que aprender a acercarnos a él sin miedo y con espíritu reflexivo tanto para observarlo como para sumergirnos.